Alcoy en el tiempo: La feria de fiestas de San Jorge en la Plaza de la Constitución

Cuando los caballitos y las norias conquistaron el corazón de la ciudad

Hay fotografías que nos transportan a otro tiempo con solo mirarlas. Las imágenes que hoy rescatamos nos llevan a aquellos años en que la Plaza de la Constitución —nuestra querida Rosaleda— se transformaba durante las Fiestas de Moros y Cristianos en un bullicioso recinto ferial, con sus atracciones, sus luces de colores y ese inconfundible aroma a algodón de azúcar y almendra garrapiñada que se mezclaba con la pólvora de las fiestas.


La feria de atracciones: compañera inseparable de Sant Jordi

Las Fiestas de Moros y Cristianos de Alcoy, documentadas desde el siglo XVI y con su formato actual consolidado a lo largo del siglo XIX, siempre han tenido en la feria de atracciones un complemento popular e inseparable. Si las Entradas, la Diana y el Alardo constituyen el alma solemne y guerrera de las fiestas, la feria ha representado históricamente su cara más lúdica, familiar y desenfadada.

Ya desde finales del siglo XIX y principios del XX, coincidiendo con los días grandes de abril, llegaban a Alcoy los feriantes ambulantes con sus atracciones. En aquella época se trataba de ingenios modestos: tiovivos de tracción animal o manual, barracas de tiro, juegos de azar, puestos de turrón y golosinas, y aquellas curiosas casetas donde se exhibían “fenómenos” y espectáculos de variedades que tanto fascinaban al público de la época.

Con el paso de las décadas, la feria fue creciendo en tamaño y sofisticación, incorporando atracciones mecánicas cada vez más modernas: las norias, los coches de choque, las sillas voladoras y, más adelante, las grandes atracciones de vértigo que conocemos hoy.


Las localizaciones de la feria: un recorrido por la geografía festera

Uno de los aspectos más curiosos de la feria de Fiestas es que, a lo largo de su historia, ha ido peregrinando por diferentes ubicaciones de la ciudad, adaptándose al crecimiento urbano de Alcoy, a las necesidades de espacio y a las decisiones municipales de cada época. Repasemos este itinerario:

La Glorieta y el Parterre (finales del siglo XIX – principios del XX)

En los primeros tiempos de la feria moderna, las atracciones y barracas se instalaban en las inmediaciones de La Glorieta y el Paseo del Parterre (actual zona del Parque de La Glorieta), que era el principal espacio de esparcimiento de la ciudad. Era el lugar natural de encuentro de los alcoyanos, y durante las fiestas de abril se engalanaba y acogía los puestos feriales.

La Plaza de España y alrededores

La Plaza de España, como centro neurálgico de la ciudad y escenario principal de los actos festeros, también acogió en determinados momentos puestos y pequeñas atracciones, aunque su función principal siempre estuvo más ligada a los actos oficiales de las fiestas: las embajadas, las entradas y los alardos.

La Plaza de la Constitución – La Rosaleda

Esta es la ubicación que hoy nos ocupa y que protagoniza nuestra fotografía antigua. Durante varios años, la Plaza de la Constitución —conocida popularmente como La Rosaleda por los jardines de rosales que la adornaron— se convirtió en el recinto ferial de las Fiestas de Moros y Cristianos.

Este amplio espacio, situado en lo que fue una zona de expansión de la ciudad, ofrecía una superficie considerable para la instalación de las atracciones. La imágen de la época nos muestra una estampa entrañable: las norias y los tiovivos rodeados de los edificios del ensanche alcoyano, con familias enteras paseando entre las casetas, los niños corriendo entre las atracciones y esa atmósfera única que solo las fiestas de abril saben crear en Alcoy.

La elección de La Rosaleda como recinto ferial respondía a razones prácticas: se trataba de un espacio abierto, relativamente llano —algo que en una ciudad con la orografía de Alcoy no es menor detalle—, bien comunicado y con capacidad suficiente para albergar un número creciente de atracciones. Sin embargo, el crecimiento del tráfico rodado, la consolidación urbanística de la zona y las molestias vecinales hicieron que, con el tiempo, la feria buscara nuevo emplazamiento.

La zona norte: Avenida de la Hispanidad y alrededores

Con el desarrollo urbanístico de Alcoy hacia el norte, la feria se desplazó en distintos momentos hacia zonas con mayor disponibilidad de espacio. La Avenida de la Hispanidad y las explanadas cercanas acogieron las atracciones en diferentes épocas.

Ubicaciones recientes: la explanada del Viaducto y otras zonas

En las últimas décadas, el Ayuntamiento de Alcoy ha ido buscando soluciones para ubicar una feria que no ha dejado de crecer en tamaño. Las explanadas junto al Viaducto de Canalejas, zonas industriales reconvertidas y otros espacios periurbanos han sido utilizados, siempre con el debate recurrente sobre cuál es la mejor ubicación posible.


Datos curiosos sobre la feria de Fiestas de Alcoy

El reto de la orografía

Alcoy es una ciudad construida sobre barrancos y puentes, con desniveles notables y un casco urbano que no se presta fácilmente a la instalación de grandes atracciones. Esto ha condicionado históricamente la ubicación de la feria y ha sido motivo de constantes debates municipales. Encontrar una superficie lo suficientemente llana y amplia en Alcoy siempre ha sido un desafío logístico considerable.

Los feriantes: familias de tradición

Muchas de las familias de feriantes que han acudido a las Fiestas de Alcoy lo han hecho generación tras generación, convirtiendo la cita alcoyana de abril en una parada fija en su calendario anual. Algunos de estos feriantes han mantenido vínculos con la ciudad durante décadas, conociéndola casi tan bien como los propios alcoyanos.

El coste de la feria

El coste de las atracciones de feria ha ido evolucionando con los tiempos, como es natural. Los alcoyanos más veteranos recuerdan cuando montar en los caballitos costaba apenas unos céntimos de peseta. En las décadas de los años 60 y 70, un viaje en las principales atracciones podía costar entre 5 y 25 pesetas. Ya en los años 80 y 90, los precios oscilaban entre las 100 y las 500 pesetas por atracción, dependiendo del tamaño y la espectacularidad.

Con la llegada del euro, los precios se fueron situando entre los 2 y los 5 euros por atracción para las de tamaño medio, pudiendo alcanzar los 6 o 7 euros las grandes atracciones de última generación. Las atracciones infantiles, como los clásicos caballitos, coches pequeños o camas elásticas, se han mantenido habitualmente en rangos más asequibles, entre 1,50 y 3 euros.

El Ayuntamiento, por su parte, ha gestionado la concesión de los terrenos para la feria mediante tasas de ocupación de vía pública, que los feriantes deben abonar por metro cuadrado ocupado durante los días de fiestas. Estas tasas han ido actualizándose con los años y varían en función de la ubicación y la superficie de cada atracción.

Los clásicos que nunca faltan

Hay atracciones que se han convertido en parte del paisaje sentimental de las Fiestas: los autos de choque (o “coches locos”, como los han llamado siempre los más pequeños), la noria desde la que se divisaba la ciudad engalanada, las casetas de tiro donde los jóvenes intentaban ganar un peluche para impresionar, y las tómbolas con su inconfundible pregón.

La feria y la meteorología

Abril en Alcoy es sinónimo de incertidumbre meteorológica. La lluvia ha sido históricamente la gran enemiga de la feria, arruinando jornadas enteras y causando pérdidas considerables a los feriantes. Las fotografías antiguas nos muestran tanto estampas de sol primaveral como días grises y lluviosos, y los alcoyanos saben bien que “si plou en festes, ploren els festeros… i els firaires”.

La música de la feria

Otro elemento inseparable de la feria ha sido su banda sonora: la música machacona de las atracciones, que durante años se ha mezclado con los pasodobles y las marchas moras y cristianas que suenan en toda la ciudad. Esa mezcla sonora —un pasodoble cristiano compitiendo con el último éxito pop que emiten los altavoces de los coches de choque— es una experiencia sensorial exclusiva de las Fiestas de Alcoy.


La Rosaleda como recinto ferial: la imágen que nos emociona

La fotografía que hoy compartimos nos muestran la Plaza de la Constitución convertida en recinto ferial, y resulta especialmente evocadora por varios motivos.

En primer lugar, por el contraste entre la arquitectura señorial de los edificios que rodean la plaza y el carácter efímero y popular de las atracciones de feria. En segundo lugar, por los rostros de los alcoyanos que aparecen en ellas: niños subidos a los cochecitos con la emoción dibujada en la cara, parejas jóvenes paseando entre las casetas, familias enteras disfrutando de una tarde de fiestas.

Se aprecia en esta imágen una ciudad que vivía la feria de una manera más integrada en su trama urbana. La feria no estaba en un recinto apartado, sino en el corazón de la ciudad, y eso le confería un carácter especial: salías de ver una Entrada por la calle Sant Nicolau y, a pocos metros, te encontrabas con las luces de la noria. La fiesta grande y la fiesta popular se fundían en un mismo espacio.

La Rosaleda, antes de acoger la feria y después de dejar de hacerlo, ha tenido diferentes usos y fisonomías. Pero para toda una generación de alcoyanos, esta plaza será siempre el lugar donde montaron por primera vez en una noria, donde se comieron su primer algodón de azúcar y donde la magia de las fiestas de Sant Jordi se multiplicaba cuando caía la noche y las luces de las atracciones iluminaban el cielo de abril.


El eterno debate: ¿dónde poner la feria?

Si hay un tema que ha generado debate recurrente en la vida municipal alcoyana, ese es la ubicación de la feria de Fiestas. Prácticamente cada cambio de ubicación ha venido acompañado de polémica: los vecinos de la zona elegida protestan por el ruido y las molestias, los feriantes se quejan si la ubicación está demasiado alejada del centro porque baja la afluencia, los comerciantes del centro opinan que la feria debe estar cerca para atraer público, y los responsables municipales intentan contentar a todos con resultados desiguales.

Este debate, lejos de ser exclusivo de Alcoy, se repite en prácticamente todas las ciudades que celebran fiestas con feria de atracciones. Pero en Alcoy adquiere un matiz especial por las limitaciones topográficas de la ciudad: no abundan los espacios llanos y amplios, y cada ubicación posible tiene sus ventajas e inconvenientes.


Un patrimonio sentimental

La feria de atracciones de las Fiestas de Moros y Cristianos de Alcoy no figura en los programas oficiales con la misma relevancia que las Entradas, la Diana o el Alardo. No tiene la solemnidad del acto de la Aparición de Sant Jordiet ni la espectacularidad del castillo de fuegos artificiales. Pero forma parte del patrimonio sentimental de generaciones de alcoyanos que asocian las fiestas de abril no solo con el ruido de la arcabucería y el brillo de los trajes, sino también con las luces de la noria reflejándose en los ojos de un niño, con el vértigo del primer viaje en una atracción “de mayores” y con esas tardes interminables en que el tiempo parecía detenerse entre el olor a pólvora y el de las manzanas de caramelo.

Esta fotografía de la feria en la Plaza de la Constitución es, por tanto, mucho más que un documento gráfico de un emplazamiento que ya no existe. Es una ventana a la memoria colectiva de una ciudad que vive sus fiestas con una intensidad difícil de explicar a quien no la haya experimentado.


Desde el Hotel Reconquista, en pleno corazón de Alcoy, seguimos rescatando imágenes y recuerdos de nuestra ciudad. Porque conocer de dónde venimos nos ayuda a valorar lo que somos.

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